Animal
He aquí una de esas series que empiezas a ver sin esperar nada de ellas y que, sin embargo, te sorprenden gratamente. El argumento de Animal es sencillo, y en su sencillez, nos ha cautivado. Antón es un veterinario rural de un pequeño y anónimo pueblo gallego que, abrumado por la cantidad de facturas y las cartas de impago que se acumulan en su puerta, decide aceptar la oferta que le hace su sobrina para trabajar como veterinario en la tienda-boutique de animales que ella dirige: Kawanda (no os preocupéis si vuestro subconsciente os juega una mala pasada y acabáis llamándolo Wakanda, es normal).
Debido a diversas catástrofes climatológicas que han provocado importantes desertizaciones e inundaciones, el 57,2% del territorio español se ha visto históricamente enterrado bajo una capa de olvido difícil de ignorar para aquellos que nos vemos afectados por ella. Es por ello que mi corazón asturiano se hinchó de alegría al ver reflejado en la pantalla la sencillez y la fría calidez del carácter gallego, tan familiar para nosotros pero entiendo, que desconcertante para los foriatos.

Hace ya tiempo que he notado que ver una pradera verde en una película o serie española, una colina con vacas, un denso bosque extremadamente montañoso, ese orbayo constante del que no puedes escapar o simplemente esos chubasqueros que se mueven entre esos tonos tan nuestros del verde y el gris, me hacen sentir como en casa. Si a eso le sumamos personajes más bien de pocas palabras a los que parece que enunciar lo que están pensando supone un esfuerzo que no están dispuestos a correr, caracteres aparentemente fríos y digo aparentemente porque no tardas mucho en comprobar que esa frialdad no es otra cosa que una fachada, un carácter, una forma de ser forjada quién sabe si por una climatología nada amigable o por un aislamiento digamos que orográfico... Sumado todo eso, digo, y ya te habrás ganado la mitad de mi corazoncito.
La otra mitad se la ganó Luís Zahera interpretando a Antón, ese maravilloso veterinario que al más puro estilo House diagnostica a cada pobre animalillo que pasa por Wakanda (perdón, Kawanda) con una sinceridad nada bien recibida en una sociedad cada vez más preocupada por el bien queda que por los resultados reales. Y es que tú, tu trabajo y tu esencia a veces se ve reducido a números: el número likes que puedes conseguir, el número de ceros que hacen falta en un cheque para que renuncies a tus principios o el número de años que tienes para notar que el salto generacional ya es demasiado grande como para llegar a un entendimiento (sobre todo si cada uno de los implicados no ponen un poquito de su parte).
Al final, 'Animal' es mucho más que el retrato de un veterinario en apuros; es un recordatorio de que, aunque pretendan enterrarnos bajo ese 57,2% de olvido estadístico, la esencia de lo que somos no se puede asfaltar. Quizás los foriatos solo vean en Antón a un hombre brusco y en nuestras montañas un decorado para sus vacaciones, pero para los que sabemos lo que pesa un chubasquero empapado, su figura es un acto de resistencia. Porque en un mundo de algoritmos, apariencias y lujos vacíos, la mirada honesta de un perro y la palabra escueta de un paisano siguen siendo los únicos refugios donde la verdad no necesita filtros de Instagram para brillar.




Comentarios
Publicar un comentario
Introduce alguna sugerencia: